lunes, 5 de septiembre de 2016

Ἀπολλύων

Enemigo de las ideas hogar,
de las doctrinas redentoras,
de las promesas con final feliz.
Detrás de la escena del beso en el puente
el eco de los muertos
colocando las piedras con sangre
sobre una madriguera.
No,
no creo en caminos que alivien mi espíritu,
no quiero conservar nada
ni volver a ninguna parte.
Yo no tengo alma.
Soy un animal acosado por su ser,
un humano,
las alimañas más retorcidas sobre la Tierra.
No quiero ser feliz con el permiso de la gente,
prefiero escabullirme en silencio,
como una serpiente,
o inmolarme abrazado al momento
ensordeciendo con un pitido agudo y eterno
el ruido de las excavadoras.

viernes, 19 de agosto de 2016

Hyaenidae

Yo tampoco sé de qué huye el viento
ni por qué aúllan los perros de la calle
todas las noches
a las cinco de la madrugada.
Sé que todo esto no va sobre mi,
yo no soy nadie,
he perdido la cuenta
de las veces que me he matado
y sospecho que aun me faltan
un par de muescas a cuchillo
en el tronco del ciprés que a mi píes
siempre espera.
He metido a ciegas la cabeza en cada pozo
con el que me he cruzado,
conozco el lodo,
el olor a mierda taponando mis fosas nasales
mientras me pintaba, con estas manos,
la cara de guerra.
Lo he quemado todo varias veces,
tendrías que verlo -te encantaría-
los ojos de hollín
rotos los nudillos
ladrando a colmillo visto
mientras me alejaba.
Ahora es distinto,
ya no huele a cadáver,
las hienas ríen conmigo porque
pese a todo
aun conservo todos los dientes.

viernes, 29 de julio de 2016

dovşan

Veo el futuro como un precipicio -quiero precipitarme.
Huele a sangre el instante tras cada mentira
y morimos con ella para seguir existiendo.
El origen de todo es el sufrimiento.

El estado devora a sus hijas y exige su ofrenda.
Sacrifica tu cuerpo,
hazlo por él,
entrégale tu aliento como si fuese tu amante,
perro fiel.

Personas,
malditas personas. como tú.
Tienen ojos de conejo sorprendido de noche 
por las luces de un coche 
en medio de la autopista.

No eres nadie, todo es en vano, 
una vela en un candelabro.
Si tu llama arde 
o se apaga no importa,
nadie lo verá jamás.

Por cierto,
el conejo muere atropellado también.