viernes, 14 de agosto de 2015

Correrá la sangre

Si aprieto muchos los dientes
puedo sentir los huesos de todos los muertos.
No son los recuerdos los que nos atormentan
sino la forma verbal del condicional, la posibilidad,
hasta de eso se salvaron los bosquimanos.

No quiero perseguir estos tiempos que corren
aunque me pasen por encima
clavándome sus pezuñas de barro,
ni sacarme los ojos con cucharas de plata
por todas las ausencias
-tal vez merecidas-
ni aceptar la eterna compañía de los cadáveres transitorios
de los niños sin nunca ni sombra
que gritan mi nombre al pasar.

Adiós al tormento de existir en un mundo muerto,
no volveré a entregar, como Belerofonte,
la carta que me condene.
No esperaré sentado el final inesperado,
me desentrañaré en lo alto de un rascacielos,
de esos que se ven a lo lejos
entre los bloques y casas bajas de este barrio de hambre.
Correrá la sangre como reclamo de buitres y hienas, compañeras,
y una vez saciadas
tomaremos por placer la ciudad para entregársela a aquellas
que aun escarban el asfalto para llegar al mar.

lunes, 20 de julio de 2015

Volabesta

Todo lo que piso me pertenece
y siempre tengo hambre.
Ni compro, ni vendo,
la única ley la de las hienas:
nada sobra, todo se comparte.
La noche me amamanta con su leche de pantera,
niñas muestran orgullosas sus nudillos
en parques sin carteles, los dientes mellados,
cantando lo de si te vas a vender que al final sea una estafa.
Afila tu cuchillo con las costillas de tu jefe,
desnúdate,
úntate de sangre y piérdete,
el viento sopla de frente
si nunca dejas de correr.

sábado, 30 de mayo de 2015

Son nuestras vecinas

chatarrería
Desde hace algún tiempo están surgiendo distintas plataformas y cuentas en redes sociales que se dedican a criminalizar a otras vecinas por el simple hecho de okupar y trabajar recogiendo chatarra. Dicen que sólo pretenden denunciar el “deterioro del barrio” pero lo cierto es que su actividad se centra exclusivamente en fotografiar a los migrantes, sus casas y sus carritos. Dicen que son un problema del que se quejan los “vecinos de Tetuán”, como si esas personas, por el hecho de trabajar en la calle, okupar y ser migrantes, no fuesen también parte de ese sujeto colectivo llamado “vecinos de Tetuán”. Se equivocan, Tetuán ha sido históricamente un barrio de traperos, obreros y migrantes, no de chivatos, racistas y gentrificadores.