miércoles, 16 de julio de 2014

CXCII

Nosotros, los condicionales,
los que un día dejamos el gas encendido y volvemos cada día con la broma del mechero
a ver si explota todo,
nos hemos acostumbrado.

Mientras ellos, los que voluntariamente sucumbieron al juego,
los que jamás entendieron el lenguaje monocorde de las neveras
y sin embargo comparten con nosotros los mismos humos,
nos muestran orgullosos lo que pudimos haber sido y obtenido
si no fuéramos, precisamente, como somos.

Simplemente nos fuimos a buscarnos y aun no hemos vuelto,
perdidos en ese uno mismo que es para nosotros el más lejano,
recolectores de alguna miel que aun no hemos probado
y asombrados todavía por el ritmo incierto al que estamos enganchados
como yonkis a una trampa que lleva años fuera del mercado.

sábado, 10 de mayo de 2014

Baja

Como un perro persiguiéndose la cola,
como Julius Van Daal escribiendo
Bello como una prisión en llamas,
desconcierto por una baldosa mal puesta
y cada paso suena como si pisase un puto charco,
el cálamo de una pluma de edredón de ganso clavándose en tu hueso occipital,
el sonido arrítmico de la taladradora de la obra abiertas las venas,
el chorro de la fuente de la acera la llave de paso rota,
como la generosidad de la tormenta llevándose a tus hijos muertos
balbuceando tu nombre en arameo y un cristal roto frente a tu casa,
soy yo, abre,
he venido a buscarte.

martes, 6 de mayo de 2014

CXC

hogar.
(Del b. lat. focārisadj. der. de focus, fuego).
1. m. Sitio adonde se sabe que siempre se puede volver


Sé lo que es una casa, he vivido en muchas:
dos en Piedralaves, dos en el Barrio del Pilar, una en Valdezarza y cuatro en Tetuán.
He dormido en camas pequeñas, de matrimonio, hinchables, sofás, esterillas, bancos, parques, playas, flotadores, jardines, suelos, escaleras, alfombrillas, felpudos
e incluso sobre un campo de fútbol de tierra a la salida de un after.

Podría dormir en cualquier sitio
pero nunca volver,
no siempre:
o ya no me dejan, o cambiaron de dueño, o lo movieron de sitio,
o ya no existe, o ya no quiero, o no lo recuerdo,
o está prohibido, o no sé volver.

A veces me gustaría experimentar cómo sería eso de saber que siempre se puede volver,
una cama con mi forma,
mi sitio en la mesa,
un rincón preferido,
mi foto en la pared,
una boca que sólo sepa mi nombre
o el abrazo seguro
tras cagarla otra vez.