lunes, 20 de julio de 2015

Volabesta

Todo lo que piso me pertenece
y siempre tengo hambre.
Ni compro, ni vendo,
la única ley la de las hienas:
nada sobra, todo se comparte.
La noche me amamanta con su leche de pantera,
niñas muestran orgullosas sus nudillos
en parques sin carteles, los dientes mellados,
cantando lo de si te vas a vender que al final sea una estafa.
Afila tu cuchillo con las costillas de tu jefe,
desnúdate,
úntate de sangre y piérdete,
el viento sopla de frente
si nunca dejas de correr.

sábado, 30 de mayo de 2015

Son nuestras vecinas

chatarrería
Desde hace algún tiempo están surgiendo distintas plataformas y cuentas en redes sociales que se dedican a criminalizar a otras vecinas por el simple hecho de okupar y trabajar recogiendo chatarra. Dicen que sólo pretenden denunciar el “deterioro del barrio” pero lo cierto es que su actividad se centra exclusivamente en fotografiar a los migrantes, sus casas y sus carritos. Dicen que son un problema del que se quejan los “vecinos de Tetuán”, como si esas personas, por el hecho de trabajar en la calle, okupar y ser migrantes, no fuesen también parte de ese sujeto colectivo llamado “vecinos de Tetuán”. Se equivocan, Tetuán ha sido históricamente un barrio de traperos, obreros y migrantes, no de chivatos, racistas y gentrificadores. 

miércoles, 6 de mayo de 2015

FU


Antes de ti yo ni escribía, 
no de verdad.

Hace cinco años que nos encontramos,
abandonados y apaleados, los dos,
y juntos fuimos rescatándonos, 
a nuestra manera, ya sabes,
si no había dinero sólo comías tú,
si yo no dormía no descansábamos ninguno,
si no te gustaba alguien,
a mi tampoco.

A tu paso brillaba hasta la calle Algodonales,
acuérdate,
los niños gritaban tu nombre desde las ventanas
y no había rincón, en todo el barrio,
donde no fueses recibido con honores.

No te fiabas de los hombres,
nunca pudiste olvidar los palos que aun marcaban tu espalda,
yo tampoco,
pero supimos vivir en igualdad, 
ni amo ni mascota,
tú y yo.

Nunca lo entendieron,
y por dejarte la libertad que otros te negaron, nos separaron.
"Respeto por la vida", escribió un buen amigo,
y no faltaron hermanos, ni manos,
ni planes de asalto para intentar recuperarte.
Fue imposible.

Desde entonces he intentado escribirte,
pero no puedo, ni siquiera esto.
Tal vez esta vez sea por supervivencia,
para que el recuerdo de tu aliento y de tus latidos
sea un poco menos doloroso,
lo dudo,
algunas noches creo escuchar tus pasos y yo sigo aquí,
esperando a que algún día vuelvas a rescatarme de nuevo.