viernes, 13 de febrero de 2015

Cleptoparasitario

Yo también nací póstumo
y todo lo que toco me pertenece de forma generosa.
Prefiero la carroña,
como las hienas,
las noches predestinadas al laberinto
y la risa solidaria, a veces disolvente.
Poco importa, no soy gregario
tampoco indiferente,
deseo el valor de las cosas prohibidas
favorezcan o perjudiquen a la gente.
La gente no importa, la gente no existe.
Existo yo, existes tú, existe ella y esos de allí
pero no la gente
ni el pueblo
ni la patria
ni el dinero.
Mejor el placer que el esfuerzo,
robar que ganar, aunque sea lo mismo,
las personas torcidas, doblar las esquinas
las palabras malditas
y existir como cruzan la calle los viejos,
porque de todas formas vamos a morir atropellados.

martes, 6 de enero de 2015

H₂yuHn̥ḱós

Eres una artefacto detonante de 280 millones de años
y también un animal, aunque no lo sabes.
No tienes cornamenta, ni garras, ni siquiera una mandíbula retráctil
pero tienes ojos
y una máquina de huesos, ligamentos, músculos, venas y tendones.
Y así, a golpes de desencanto,
verás desvanecerse todos los segundos que te queden hasta que llegue tu hora.
Porque por si no tuvieses suficiente
con asistir como un pálido invitado al horizonte de tu propia ruina
y sostener la mirada, aunque sea a duras penas,
al confuso juego que otros crearon para ti,
un mecanismo cognitivo heredado genéticamente
para satisfacer la necesidad ya superada
de asegurar y perpetuar existencias
tan difusas como la tuya
te hará recordar aquello que no sabías y ahora sabes;
que eres parte del todo y del todo una parte,
que aun puedes aullar.

sábado, 27 de diciembre de 2014

De-lirare

Siempre estuviste ahí
creciendo dentro.
Yo te amamanté, como a mis hienas.
Fuimos los dos un mismo grito
creciendo dentro del mismo fuego.

Te protegí
como una madre a su hijo yonki
y cuando vinieron a buscarte
te ocultaste en alguna grieta que no pude
o supe tapiar, agazapado
esperando a que me marchitase yo químicamente.

Se fueron los buitres.
Me recogiste en la cima, destripado, los huesos rotos;
me levantaste para ensuciarme de nuevo.
Fuiste para mi lo que el veneno al alacrán suicida,
la misma soga que me apretaba
el mismo viento que me apagaba.

Se fue mi brillo
y con él los días,
y nunca supe quién conducía.
Un suicida, un kamikaze,
hablando lenguas que no entendía,
lanzando golpes con mis manos
atizándome, como a las bestias,
hiriendo a otros por mis daños
de tantos años de rebeldía.

He apilado todos los cuerpos
y ya no quiero seguir matando.
Lo intenté conmigo, y no pude,
así que ahora, mi criatura,
será contigo que acabe el frío.